TIJUANA.- En una casa de la Zona Centro, donde se reúnen veteranos de guerra deportados, la mesa no estaba llena de gente, pero sí de historias.
Héctor Barajas organizó la entrega de pavos para quienes viven en Tijuana tras ser expulsados de Estados Unidos, muchos sin familia cerca.
Barajas fue deportado hace 14 años, y hace poco logró volver tras una larga batalla legal por su residencia en el vecino país.
Por eso insiste en buscar a quienes recién llegan, antes de que la ciudad los revuelva.
“En el ejército dicen que nadie queda atrás”, recordó mientras separaba los pavos.
Juan Antonio, quien recibió uno, miró el suyo como si pesara más de lo normal.
Lleva 15 años lejos de sus hijos. “Antes solo veía lo malo”, dijo.
“Ahora”, comentó, “empiezo a ver lo que todavía puedo hacer.”
Entre los asistentes estaba Lety, viuda de un veterano deportado. Para ella, Acción de Gracias es un recordatorio, pero también una forma de mantener vivo ese vínculo.
“Hoy estaría conmigo”, expresó sobre su pareja quien sirvió en guerra para la unión americana.


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