TIJUANA.- El olor a pavo recién salido del horno volvió a llenar la Casa de los Pobres, donde más de mil personas hicieron fila para recibir un plato caliente este jueves.

No era solo comida: para muchos migrantes, adultos mayores y viudas, fue un momento para sentirse acompañados.

La hermana Antonia Castorena caminaba entre las mesas mientras supervisaba los 72 pavos preparados desde la madrugada.

“Todos tenemos una necesidad”, dijo sin detenerse.

“Esto es compartir”, expresó.

Aunque la tradición es estadounidense, aquí ya es parte del calendario.

La hermana explicó que la mayoría de los pavos llegan donados desde el otro lado de la frontera, y ellos solo completan el ciclo: recibir para volver a dar.

Entre la multitud, algunos se quedaban a platicar. Otros recogían su despensa semanal. Al final, todos se iban con algo más que comida: un recordatorio de que nadie debería enfrentar el día en soledad.