ENSENADA.- Los padres de los hermanos australianos Callum y Jake Robinson pidieron este jueves un castigo ejemplar por el asesinato de sus hijos.

Ante el juez del Poder Judicial de Baja California, también se escuchó el dolor de Natalie, esposa del estadounidense Jack Carter Rhoad, quien perdió al hombre con el que soñaba formar una familia.

Los tres amigos llegaron a Baja California para disfrutar del mar y practicar surf.

Más de dos años después, sus familias hablaron en la última etapa del juicio contra Jesús Gerardo “N”, alias “El Quecas”, Irineo Francisco “N” y Ángel Jesús “N”, antes de que el tribunal determine su responsabilidad por homicidio calificado y robo.

“Nuestros hijos nos fueron arrebatados y nuestra vida cambió para siempre. ¿Cómo puede alguien tan amable morir a manos de personas tan despiadadas?”, expresó Debra Robinson, madre de los australianos.

Su reclamo también fue una petición para que otras familias no tengan que enfrentar la misma pérdida.

“Nada puede devolvernos a nuestros hijos, pero creemos en la responsabilidad. No queremos que más familias sufran nuestro destino: la pérdida de la vida de las personas que aman”.

Callum tenía 33 años y era jugador de lacrosse; Jake, de 30, era médico y había viajado a Estados Unidos para visitar a su hermano.

Ambos compartían la pasión por el surf que los llevó a recorrer la costa de Baja California con Carter.

El viaje terminó en la zona de Punta San José, en la delegación de Santo Tomás.

Sus cuerpos fueron localizados el 3 de mayo de 2024 dentro de un pozo.

Días después, Debra y Martin Robinson acudieron a la morgue de Ensenada para identificar a sus hijos.

Los tres hombres murieron por disparos en la cabeza, de acuerdo con los resultados forenses.

Para Natalie, la ausencia de Carter se siente cada día: al despertar sin él y al pensar en los hijos que ya no podrán tener.

“Carter era mi alma gemela, era mi seguridad. Se fue de viaje de surf y no regresó”, declaró.

“Estar sin él es el dolor más grande de mi vida; me trae conflicto y dolor el no despertar a su lado, el no poder tener la familia que merecíamos y el no poder verlo convertirse en el padre maravilloso que me decía que sería”.

Su testimonio recordó que el crimen también les quitó un futuro juntos.

“El mundo perdió a un gran hombre; le robaron la oportunidad de ser mejor. Todo lo que puedo hacer por él es continuar”.

Ahora, las familias esperan el fallo. Debra pidió que la justicia reconozca el valor de las vidas que les arrebataron.

“Por eso solicitamos un castigo ejemplar para quienes nos los arrebataron, para demostrar que sus vidas importan. Honraremos a los hombres que fueron y que estarán siempre en nuestro corazón”, expresó ante el juez de control.