TIJUANA.- A dos días de que inicie el Mundial de futbol en México, Estados Unidos y Canadá, el hotel donde se hospeda la selección de Irán en Tijuana se convirtió en punto de encuentro para niños con álbumes de estampas, migrantes, aficionados musulmanes y seguidores que llegaron con una sola intención: ver de cerca a los jugadores, tomarse una fotografía o conseguir un autógrafo. Algunos lo lograron.
Con sus álbumes abiertos y las estampas listas, niños de Tijuana esperaron afuera del hotel para completar una escena mundialista antes del primer partido. Buscaban las firmas de los futbolistas iraníes, esos mismos rostros que aparecen impresos en sus colecciones. La paciencia tuvo recompensa: varios recibieron autógrafos y se fueron con una historia que contar antes del arranque de la Copa del Mundo.
Entre quienes acudieron estuvo Ali Al Tah, iraquí de 32 años, quien comenzó a jugar futbol desde los siete. Aunque no nació en Irán, dijo sentirse identificado con esa selección y por eso acudió al hotel para intentar saludarlos.
“Así que es un evento tan grande para ellos, que no creo que ellos realmente quieran quedarse en los Estados Unidos. Vienen solo para hacerse notar, para mostrarle al mundo de lo que son capaces”, expresó.
Ali consideró que la política debe quedar separada del futbol. Dijo que “es triste” que deportistas y participantes de otros países hayan pasado por situaciones que calificó como “racismo”, como el caso de un árbitro somalí al que no dejaron entrar a Estados Unidos.
También llegó Ali Islami, iraní con cinco años de residencia en Tijuana y entrenador de tenis. Fue al hotel con la esperanza de acercarse a los jugadores.
“Estoy feliz de que vinieron a México para entrenar, en un mejor ambiente. Lo único que no me gusta es que va a haber mucha presión sobre el equipo. Debido a la situación desafortunadamente de Estados Unidos con el gobierno iraní”, expresó.
“Con suerte conseguir una foto con ellos, pero la seguridad es muy estricta”, agregó.
A unos pasos también estuvo Sonia García, presidenta de la Fundación Latinas Musulmanas, quien acompañó a dos migrantes iraníes para que pudieran ver a su selección, tomarse una fotografía y sentir que no están solos en Tijuana. Ella, con apoyo de iraníes y musulmanes, impulsó la construcción de una mezquita en la Zona Norte, que hoy sirve como albergue para musulmanes de distintas partes del mundo.
“Necesitan ganar el partido, diles que los apoyamos mucho”, expresó.
Dentro del mismo hotel se hospeda Reza Mansoor, iraní que vive en San Diego, California. Viajó a Tijuana para estar cerca de su selección y cumplió su objetivo: ha visto a los jugadores en el restaurante y en el lobby, además de tomarse fotografías con el director de la selección.
Junto a él llegó su amigo Mustafa Poorman, quien salió a la calle con la bandera de Irán sobre los hombros. Luego levantó una bufanda con el nombre de su país y gritó: “¡Viva México!”, en agradecimiento por la hospitalidad recibida.
Así, entre niños con álbumes, migrantes que buscaron una fotografía, banderas iraníes y muestras de apoyo desde Tijuana, la selección de Irán sintió el respaldo de una comunidad que convirtió la espera mundialista en una escena de identidad, nostalgia y futbol.


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