TIJUANA.- Santiago Luna no pudo competir en Juegos Olímpicos por falta de dinero. Tampoco contó con el respaldo de su país. Pero jamás dejó de creer.

Le apodan el “BorderBoy”, en español “El Niño Fronterizo”, aunque es pequeño para su enorme talento y fe.

Santiago nació en San Diego, California, pero cuando era niño sus padres fueron deportados a México.

Aunque tenía ciudadanía estadounidense, no podían dejarlo solo al otro lado de la frontera.

Así, también fue deportado, y su destino cambió para siempre: creció en Tijuana, cargando la esperanza de ser grande por él, por su familia y por México.

En la lucha olímpica brilló como pocos. Fue campeón nacional en cuatro ocasiones y clasificó a Panamericanos y Mundiales. Su talento era incuestionable, pero en México no basta con ser el mejor.

Sin recursos para costear viajes y sin apoyo institucional, sus sueños olímpicos quedaron varados. No perdió por falta de calidad, sino por pobreza.

Con el corazón herido, tomó una decisión valiente: dejar atrás el tatami olímpico y buscar en las artes marciales mixtas el camino que la vida le negaba. En pocos años construyó un récord perfecto: seis victorias, todas por finalización.

A sus 21 años el destino tocó su puerta. En septiembre pasado, la cartelera de la Independencia de la Ultimate Fighting Championship (UFC) necesitaba un peleador mexicano de emergencia, ya que un competidor quedó fuera por lesión.

La empresa necesitaba a un mexicano listo y con papeles en regla.

Santiago tenía los papeles en regla pues había nacido en el vecino país. Y gracias a su fe inquebrantable, estaba listo.

El debut parecía una trampa: poca preparación, un rival con experiencia y un golpe demoledor en los primeros segundos lo mandó a la lona, todo fue silencio ante lo que parecía un nocaut.

Pero no se rindió. Se levantó, peleó con el alma y logró un nocaut histórico que hizo estallar la arena.

Esa noche, el niño deportado, el olvidado por México, ganó más de un millón de pesos y el respeto del mundo. Su historia prueba que la fe rompe fronteras, y que los sueños, aunque los deporten, siempre encuentran el camino de regreso.

Cómo reza la leyenda: Tijuana es la ciudad en donde rebotan los sueños, y el de Santiago Luna es uno.

Con información de En Línea BC