ENSENADA.- Familias de la comunidad de Maneadero intentan recuperar sus hogares y reconstruir su vida tras las inundaciones y deslaves que provocó la tormenta tropical Rachel.

Entre tierra, piedras y lodo buscan pertenencias, herramientas de trabajo y un pedazo de tierra en donde volver a dormir.

A cinco días de la tragedia, en Lomas de San Fernando y Lomas de Mendoza, vecinos y familiares unen esfuerzos para retirar el material que invadió sus viviendas.

Algunas casas y vehículos quedaron sepultados; otras familias perdieron muebles, ropa y colchones.

Para quienes vivían y trabajaban en el mismo lugar, la tormenta también les arrebató su fuente de ingresos.

Es el caso de Moisés Mar, quien tenía un taller de motocicletas dentro de su vivienda en Lomas de San Fernando.

Un banco de tierra cubrió el inmueble y dejó bajo los escombros herramientas, refacciones y motocicletas que tenía en reparación.

Parte del equipo que utilizaba le tomó 11 años conseguirlo. Ahora busca entre el material algo que pueda rescatar para retomar su trabajo.

“Todo se perdió, refacciones que tenía para hacer mis trabajos, todo se perdió”, expresó.

En esa misma zona, Luis Labastida relató que él y su familia dormían cuando la lluvia causó deslaves.

“Cuando se intensificaron las lluvias, en la parte trasera de la vivienda estuvo cayendo todo el material que se ve en la parte de arriba del cerro, entre piedras, arena y agua; ya llegó un momento que el mismo nivel del agua rebasó el nivel de las ventanas”, narró.

Luis construyó su vivienda hace unos 40 años y aseguró que nunca había presenciado algo de esa magnitud.

La ayuda de familiares, amigos y vecinos ha sido fundamental para retirar piedras, arena y desechos, así como para buscar las pertenencias que aún puedan servir.

Aunque algunas familias han recibido despensas y cobijas, persiste una preocupación: qué pasará con sus casas.

Labastida desconoce si recibirán apoyo para recuperar su patrimonio o si tendrán que dejar el lugar y trasladarse a una zona más segura.

Mientras esa duda continúa, los trabajos de limpieza avanzan con el esfuerzo de los propios habitantes y el apoyo de maquinaria pesada.

En Lomas de Mendoza, las necesidades también son urgentes.

Alejandro estaba en su trabajo cuando recibió una llamada de su esposa, alarmada porque el agua y el lodo comenzaban a entrar a su vivienda. Esa noche no pudieron descansar ante el avance de la inundación.

Los colchones quedaron inservibles y ahora sus hijos duermen en el suelo. La familia necesita ropa, calzado y víveres para cubrir lo básico mientras trata de recuperar su hogar.

En ese sector, personal de la Comisión Nacional del Agua entrega agua a los residentes, quienes se organizan para retirar el lodo y rescatar algunos objetos.

La recuperación depende, en buena parte, de esas redes de ayuda entre vecinos y familiares. Unos colaboran con la limpieza; otros buscan entre los escombros lo que quedó de años de trabajo.

Para las familias de Maneadero, sacar la tierra es apenas el comienzo. Después tendrán que reparar sus viviendas, reponer lo indispensable y recuperar sus ingresos, aún sin certeza de cuándo podrán volver a habitar sus casas ni con qué recursos podrán hacerlo.