• Para muchos ya no son un lujo, menos después de una vida transformada por una pandemia mundial 

Tijuana, Baja California.- Con la llegada de la pandemia por Covid-19, que a nivel mundial ha generado cambios significativos, acudir con un psicólogo ya no debería ser un lujo, sino formar parte de la agenda familiar. Los psicólogos no resuelven la vida de las personas; sin embargo fungen como orientadores y guías para el autoconocimiento.

Existen diversas dependencias del gobierno municipal que cuentan con este servicio, como la Comunidad Terapéutica de Rehabilitación y Reinserción Social del Adicto (Cotrrsa), que pertenece al Instituto Municipal Contra las Adicciones (Imcad), el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (SDIF), la Unidad Municipal de Apoyo Social (UMAS) y en el Instituto Municipal de la Mujer (Immujer). 

Colaboradores de la Cotrrsa señalan que en la mayoría de los casos atendidos en esta dependencia municipal, los pacientes han “tocado fondo” y, en consecuencia, se han dado cuenta de la importancia de atender sus emociones, miedos o adicciones. 

Una frase utilizada por dos de cuatro psicólogos de Cotrrsa es que “no hay como vivir en experiencia propia una situación difícil para entender y ponerse en los zapatos del otro”, y contaron cómo a través de sus vivencias, determinaron ayudar a los demás y cursar la profesión de psicólogos. 

La psicóloga Andrea Olvera inició su carrera a los 45 años de edad, la cual en ningún momento le ha impedido demostrar su temple para ayudar a los demás. Añade que ella misma fue codependiente, ya que desde que se casó solo existió su familia. 

Ella intentó suicidarse, pero en septiembre de 2016, cuando una vecina se quitó la vida, su madre, sin saber lo que pasaba con ella, le hizo prometer que nunca haría algo como eso. Al día siguiente, acudió a la Facultad de Psicología para iniciar una nueva vida. Ahora, desde hace tres meses, atiende casos con el objetivo de ayudar a las personas.

Un caso que marcó su vida fue el de una mujer codependiente de 46 años que falleció hace dos meses por un derrame cerebral, desprendimiento de retina y glucosa elevada, al olvidarse de ella misma y nunca superar sus problemas. Ahora Andrea trabaja con la familia de la que fuera su paciente, quienes desconocían su sufrimiento. 

La profesional en salud mental se integró desde muy chica a un grupo de jóvenes con problemáticas relacionadas con sus padres y fue lo que la inquietó a estudiar la carrera, porque “las buenas intenciones no son suficientes, hay que prepararse”, dice.

Verónica González, tiene cuatro años en esta labor. Inició en el área de Consejería y en la actualidad, trabaja en el área de tratamiento de adicciones. Su actividad es esencial con adolescentes y adultos.

Ella comenta que muchos de los problemas físicos empiezan por la mente. Si existiera la disciplina de acudir al psicólogo periódicamente, las familias podrían ser distintas, quizá habría menos delincuencia, menos consumo de drogas y se evitaría que la salud se deteriorara hasta llegar a posibles los trastornos mentales. 

Verónica aseguró que un psicólogo no te resuelve la vida, pero acompaña cuando las personas son conscientes de que tienen algún problema y lo hablan, les ayuda a reconocer sus necesidades, ya sea psicoterapia, ayuda psiquiátrica, estudios de neurología, terapia familiar u otra cosa. 

Explica que el ingreso y la recuperación de una persona con problemas de adicción no se dan gracias al tiempo, sino por cambio de conducta, que inician con un trabajo en la reinserción para integrarse dentro de la problemática diaria y se busca generar en el paciente una autonomía y casi siempre el acompañamiento es integral. 

Verónica fue adicta a los 16 años, tiene 35 y a los 30 decidió cambiar sus hábitos de vida. “Los mejores cinco años de mi vida han sido estos”, asegura. Considera que su experiencia, más las herramientas que le brindó el estudio, son un plus para apoyar a otras personas a enfrentar la realidad. 

“Cuando una familia sabe que eres adicta en recuperación y transformaste tu vida, les da esperanza. Hay muchos profesionistas con años de sobriedad. Uno de mis logros es la historia de un niño que atentó varias ocasiones contra su vida, tuvo una sobredosis y tiene más de un año y medio sobrio, y continúa su proceso de recuperación”, comentó Verónica.

Por otro lado, Matilde Barrios, también comenzó su carrera con toda una vida familiar hecha. A ella no le importó iniciar sus estudios siendo madre de seis hijos, decisión que tomó después de la muerte de su abuela quien fungió como su madre durante muchos años. 

Aun con su vida familiar ajetreada, con un promedio de 9.3 desde su primera clase, ingresó a Mujeres en Solidaridad, un grupo de psicólogas que ayudan en las comunidades rurales a llevar su propio duelo; aunque su enfoque profesional se definía a la práctica de la psicología organizacional, en Cotrrsa ha encontrado su “felicidad laboral”, asegura.

Uno de los casos de éxito de Matilde es el de un joven que, a sus 23 años y tras ser internado en ocho ocasiones, ha superado su adicción y hasta la fecha, lleva ocho años de sobriedad.  

Para Gilberto Alcalá, uno de los psicólogos más jóvenes de la Comunidad Terapéutica, quien actualmente estudia la maestría en Psicoterapia, formar parte del área de prevención le ha ayudado a fortalecer el trabajo que desarrolla desde su adolescencia, ya que junto con un grupo de compañeros de la secundaria, visitaban asilos y orfanatos. Ahí se dio cuenta que oír y escuchar no es lo mismo y decidió estudiar esta profesión. 

Una de las actividades de Gilberto es el acercamiento con las escuelas donde el cuerpo directivo está involucrado en el proceso de los alumnos identificados con problemas desde casa; ahora, aunque de manera virtual, continúa con la misma labor, sobretodo, porque los jóvenes han permanecido en casa debido a la pandemia y al experimentar una forma de vida diferente, ha provocado ansiedad.  

Aunque la pandemia cambió el sentido de la vida para muchas personas y algunos de los pacientes han sufrido recaídas, la presidenta municipal, Karla Patricia Ruiz Macfarland ha fortalecido las actividades virtuales para recuperar el progreso de personas en recuperación. La integridad del ser humano es clave en la sociedad para demostrar que los resultados se logran cuando se trabaja en equipo.

Cabe destacar que, cuando los pacientes no ingresan a Cotrrsa, donde los tratamientos son totalmente gratuitos, son canalizados a las dependencias como Immujer o Sistema DIF, aunque también hay pacientes ambulatorios, a quienes se les cobra una cuota de recuperación menor a 100 pesos por sesión.